Historia de la ANAP

Breve reseña de la historia de las luchas campesinas y la creación de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños

Fidel Castro Ruz en el Informe Central al Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, celebrado en el 1975, expresó: “Fueron los campesinos humildes los que llenaron mayoritariamente las filas de nuestras tropas mambisas en el 68 y en el 95; los que en la república burguesa libraron esforzadas luchas por la tierra, contra los desalojos y los desmanes de las compañías extranjeras y los latifundistas…; los que se organizaron para la defensa de sus derechos constituyendo la Asociación Nacional Campesina de Cuba, digna antecesora de la ANAP; los que nos dieron los primeros auxilios, ayudaron a sobrevivir en las montañas y muchas veces al precio de sus propias vidas, apoyaron decididamente al Ejército Rebelde…”

Hoy, cuando los campesinos cubanos forman parte del Estado revolucionario y, por lo tanto, los desalojos campesinos, la represión y el crimen son un recuerdo abominable del pasado, que ya nunca volverá. Constituye un elemento educador para las nuevas generaciones rememorar las ejemplares batallas que en difíciles condiciones tuvieron que librar los campesinos cubanos en la sociedad colonial y neocolonial.

La historia recoge el gran movimiento de protesta de los campesinos tabacaleros de la provincia de La Habana contra el “estanco del tabaco”, monopolio impuesto por la metrópoli española conocido como “el alzamiento de los vegueros”, que a lo largo de siete años (de 1717 a 1723) mantuvo en jaque al Gobierno español.

Entre los escenarios de luchas que la historia consigna, destacaremos como ejemplo y símbolo de todas ellas los siguientes: las luchas de Realengo 18, Ventas de Casanova, El Vínculo, Virama, San Felipe de Uñas, Barajagua y El Cobre, en Oriente; Hato Estero, Las Maboas, Santa Lucía, en Camagüey; Mabujina, Itaboy Bamburanao, en Las Villas; Flor de Cuba y Limonar, en Matanzas; Majana, La Pedrera y Regantes de Güines, en La Habana; Pancho Pérez, el Rosario y Rancho Mundito, en Pinar del Río.

Entre los que enfrentaron a los latifundistas y terratenientes está el capitán del Ejército Mambí Lino de las Mercedes Álvarez, veterano de las gestas independentistas y líder indiscutible de los campesinos de Realengo 18.

En los nombres de Niceto Pérez, Sabino Pupo y Gabriel Valiente, rendimos respetuoso homenaje a estos mártires del campesinado, que ofrendaron sus vidas en la lucha contra los desalojos, al derecho a trabajar la tierra que les pertenecía y en defensa de sus hermanos de clase. De igual forma, en los nombres de Miguelito Betancourt, Romárico Cordero, Antero Regalado y Liduvino Valera, viejos luchadores campesinos al triunfar la Revolución, los que se mantuvieron fieles a sus convicciones revolucionarias y dedicaron todos sus esfuerzos a la construcción de la nueva sociedad.

Solamente en los primeros años de la república neocolonial más de 40 mil campesinos fueron desalojados de las tierras que cultivaban. Muchas familias fueron lanzadas a los caminos reales, incrementaron las filas del proletariado agrícola o las de los desocupados, el resto se resignó a aceptar la condición de arrendatarios y aparceros para poder seguir trabajando la tierra que le proporcionaba el sustento a su familia.

Muchos se enfrentaron a la amenaza de los despidos y la represión, reclamaron poder labrar la tierra que les pertenecía porque eran legítimos herederos, consideraban que los sitios que trabajaban eran del Estado (tierras realengas) y tenían el derecho a permanecer en ellas, por lo que se convirtieron en precaristas.

El proceso de despojo y concentración de la tierra por las compañías norteamericanas y grandes terratenientes criollos, no transcurrió pacíficamente. Ante la firme y decidida resistencia de los campesinos, los usurpadores apelaron a la más brutal represión contra ellos.

En su primera etapa, la resistencia de los campesinos al desalojo tuvo un carácter espontáneo, pero fueron ganando conciencia de la necesidad de crear una organización que representara y defendiera sus legítimos derechos.

El Primer Partido Comunista de Cuba, fundado el 16 de agosto de 1925, se planteó estructurar una organización campesina. En su II Congreso, efectuado en abril de 1934, se profundizó en el análisis de la situación en que vivían los campesinos y se define el trabajo agrario como uno de los más importantes. Se planteó la realización de la revolución agraria, antifeudal y antimperialista, confiscando las tierras de los latifundistas y terratenientes nativos y extranjeros, entregándolas a los comités de campesinos y obreros agrícolas para que las cultivaran individual o colectivamente.

El Primer Partido Comunista de Cuba, consciente de la necesidad de que los agricultores pequeños contaran con una organización que representara sus intereses, convocó el 29 de agosto de 1941, el II Congreso Nacional Campesino en La Habana, con 819 delegados, constituyéndose la Asociación Nacional Campesina.

En el formidable alegato conocido por La Historia me absolverá, formulado por el compañero Fidel Castro, en el proceso donde se juzgaba por el asalto al cuartel Moncada, quedó plasmada con claridad y valentía la trágica situación del campesinado, “El 85 % de los agricultores cubanos —expresó Fidel— está pagando renta y vive bajo la perenne amenaza del desalojo de sus parcelas.

Es necesario destacar que con la fundación del Movimiento 26 Julio, la lucha de clases se agudiza y los campesinos arreciaron los enfrentamientos contra los desalojos de los precaristas, arrendatarios y aparceros, por lo cual se hicieron eco de dicho Movimiento, contribuyeron con los expedicionarios del Desembarco del Granma y lograron unirlos después del revés de Alegría de Pío, en Cinco Palmas, y fueron los primeros en incorporarse a la lucha, vistiéndose de yarey el naciente Ejército Rebelde.

El 11 de marzo del 1958 se creó el II Frente Oriental Frank País, su jefe, el Comandante Raúl Castro Ruz, teniendo en cuenta la necesidad de contar con un aparato que sirviera de enlace entre el Ejército Rebelde y la población campesina, creó el Comité de Campesinos Revolucionarios, el Buró Agrario encargado de dirigir la política con la masa campesina. Es importante destacar que el 10 de julio del 1958 se constituyó el Comité Regional Agrario, siendo electo presidente Pepe Ramírez y vicepresidente Teodoro Pereira, el cual tenía como legado la tradición de lucha y organización del campesinado en el territorio.

La constitución de estos organismos fueron promovidos por la Comandancia del Ejército Rebelde del II Frente Oriental Frank País, lo que permitió elegir de forma democrática los delegados al Congreso Campesino en Armas, que se celebró el 21 de septiembre de 1958, presidido por Raúl Castro Ruz, con la presencia de José Ramírez Cruz y de Vilma Espín, entre otros.

El Congreso tuvo como antecedente inmediato la Asamblea de cosecheros de café, realizada el 25 de mayo del 1958 en Vegas de Jibacoa, en la Sierra Maestra, convocada y dirigida por el Comandante en Jefe Fidel Castro.

Este Congreso patentizó el apoyo del campesinado al Ejército Rebelde y fue factor impulsor de unidad, fortalecimiento y desarrollo del poderoso movimiento campesino.

El 10 de octubre de 1958, en el aniversario 90 del inicio de nuestras guerras por la Independencia, la Comandancia General del Ejército Rebelde promulgó la Ley No. 3 Sobre el Derecho de los Campesinos a la Tierra, en ella se declaraban abolidos los arrendamientos y la aparcería en los territorios liberados y se reconocían como dueños legítimos de sus tierras a todos los que la trabajaban, incluidos los precaristas.

Con el triunfo de la Revolución, el Primero de Enero de 1959, y la aplicación de la Ley de Reforma Agraria fue necesario crear una organización campesina capaz de unir, organizar, orientar y movilizar al campesino para contrarrestar las maniobras de los elementos que pretendían mantener la división de los pequeños agricultores. En aquel momento Fidel Castro señaló: “Es necesario que los pequeños agricultores, en vez de ser cañeros, tabacaleros, que sean sencillamente pequeños agricultores, y organicemos una gran Asociación Nacional de Pequeños Agricultores”.

Por lo que la ANAP surgió como fruto de la obra transformadora de la Revolución y de las tradiciones de lucha del campesinado cubano, que en la República neocolonial libró grandes batallas por el derecho a la tierra que trabajaban, contra los despidos y por una reforma agraria profunda y radical, la que solo fue posible después del Primero de Enero 1959.

El 17 de mayo de 1961 quedó constituida la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), contando con una organización que representa los intereses del campesinado cubano. La ANAP, en las nuevas condiciones históricas creadas por la Revolución, es la legítima continuadora de la Asociación Nacional Campesina de Cuba. Organización campesina que junto a las tareas de la producción ha desarrollado un intenso trabajo ideológico, dirigido a divulgar los logros de la Revolución, con relación a esto Fidel señaló: “Ha contribuido a impulsar la transformación social de nuestros campos… ha dado su aporte al desarrollo de las tareas de Educación, Salud Pública, Cultura, Deporte y Recreación”.

Durante más de 53 años la ANAP ha guiado al campesinado por los caminos del desarrollo socio-económico, proporcionándole representatividad ante el Estado y la sociedad. Ha ejercido influencia decisiva en la elevación de la calidad de vida en la población de las comunidades rurales y ha estimulado el rol activo de la mujer campesina en la sociedad. Ha promovido, además, el desarrollo de la agricultura ecológica y sostenible, la conservación de la naturaleza y la protección del medio ambiente, a través de la divulgación de las experiencias entre los campesinos a partir de sus propios ejemplos y con su activa participación, aplicando métodos de comunicación directa de campesino a campesino.

La ANAP tiene personalidad jurídica propia, autofinanciándose con el aporte de sus más de 381 mil 52 asociados, de los cuales 311 mil 823 son hombres y 69 mil 229 mujeres. Están agrupados en 3 mil 341 organizaciones de base; de ellas 877 son Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA), con 46 mil 309 asociados, de ellos 9 mil 581 son mujeres y 36 mil 728 son hombres; y 2 mil 464 Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS) con 334 mil 743 asociados, de ellos 59 mil 648 son mujeres y 275 mil 95 son hombres. Estas cooperativas constituyen un peso significativo en la producción de alimentos en el sector agrícola del país.

La labor de la Organización está dirigida a orientar, unir y organizar a cooperativistas, campesinos y sus familiares en la realización de la Política Agraria del Partido y de la Revolución y en el cumplimiento de las misiones estratégicas de la ANAP, contenidas en:

  • La defensa de los principios de la Revolución por encima de cualquier interés de clase, colectivo e individual, situándose con justicia a favor de la razón.
  • La preparación política e ideológica de los campesinos y sus familiares para continuar siendo aliados estratégicos de la clase obrera en el escenario actual y futuro.
  • Trabajar desde el funcionamiento interno y la labor política e ideológica diferenciada, asegurando la producción de alimentos hacia los destinos priorizados por la política de nuestro Estado Socialista.

La ANAP, a través de las estructuras de dirección, prioriza el trabajo político e ideológico en función de estimular la incorporación de jóvenes y mujeres a sus organizaciones de base, haciendo énfasis en el desempeño de la familia como célula fundamental de la sociedad, en la formación de los valores éticos y morales, que se traducen en solidaridad, dignidad y humanismo, con impacto en la comunidad; incrementando la promoción de la cultura, el deporte y las tradiciones campesinas, elementos de vital importancia para la atención a los pobladores del campo, que constituyen prioridades con el objetivo de garantizar la continuidad de la Revolución.