La UJC aporta por la vida

GUANTÁNAMO.— Siempre llevan encima, y a todas partes, el entusiasmo de sus años y la satisfacción por el aporte necesario, pero esta vez les acompaña, además, el incentivo de una circunstancia especial impuesta por la pandemia que, aunque poco a poco va perdiendo terreno en el país, sigue demandado mucho esfuerzo para controlar su expansión.

Militantes de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) en abrumadora mayoría, miles de muchachas y muchachos de esta provincia oriental han respondido a múltiples urgencias vinculadas con el enfrentamiento al nuevo coronavirus.

En las pesquisas en los barrios, en el loable quehacer como mensajeros en el Sistema de atención a la familia, en la supervisión en centros laborales y viviendas de las medidas de ahorro de electricidad, y en el noble gesto de donar su sangre, ahí ha estado y está la juventud guantanamera.

Pero aquí se hacen sentir especialmente en el apoyo a la producción agropecuaria: Más de 3 000 se han movilizado en esta labor porque es un asunto esencial para asegurar la sostenibilidad económica y alimentaria del país.

Amanecer al pie del surco

Apenas amanece en Carreterita, poblado distante unos tres kilómetros del sur de la ciudad del Guaso, cuando una de las 31 brigadas organizadas por la UJC al calor del movimiento Jóvenes por la vida, hace su entrada a los predios de una finca de la Cooperativa de Crédito y Servicio (CCS) Luis Rustán, cuyas producciones, fundamentalmente de viandas y hortalizas, se destinan a mercados y placitas de esta urbe, la sexta más poblada del país.

Los veo acercase al surco con tanta disposición y orden que se me antoja una actitud condicionada por la presencia allí esa mañana de Yannara Concepción Domínguez, miembro del Buró Nacional de la UJC, y los máximos dirigentes juveniles del territorio. Lo digoen voz alta, pensando que la persona a mi lado —cuya identidad hasta ese momento desconocía—, confirmaría mi sospecha.

«No, qué va, cada vez que vienen, y es bastante seguido, entran al campo con las mismas ganas; lo que se planifica para cuatro horas lo liquidan en dos y con la misma calidad de cualquier campesino habitual. A veces tengo que preguntar quiénes son los dirigentes, porque se meten al campo sin hacerse notar como tales. Aquella, la rubia alta, por ejemplo, sé que es de la Juventud nacional porque me lo dijeron, porque cuando viene se pone a trabajar como los demás», riposta la mujer.

Desp»ués de la vergüenza por mi anticipada duda, le pregunto: «¿Y usted quién es?, ¿qué hace aquí?». Con una sonrisa, informa: «Me llamo Gleydis Guilarte Rodríguez y soy la jefa de esta finca… y me disculpa, que voy a organizar el trabajo».

La joven, ingeniera agropecuaria, explica al grupo: «Miren, muchachos, hoy la tarea es llenar 4 000 bolsos de polietileno con materia orgánica para posturas de fruta bomba, cuyo destino es el turismo. Sembraremos cebollino en aquella área que ya está, como ven, lista: surcada y con la tierra húmeda, así que se van a enfangar un poco. Algunos varones irían para allá, a chapear aquella parte llena de malezas, porque allí vamos a montar otra casa de cultivo, ¿me escucharon?».

«Fuerte y claro», responde muy cerca  un joven con su pelo rizo atado con una felpa en medio de la cabeza e imaginativos y finos trillos que descubren no solo su cráneo, sino también la creatividad de su barbero.

«Soy del INDER y estar aquí hoy, como en las demás tareas productivas en que he participado, me proporciona felicidad, porque siento que estoy donde me necesita  la Revolución. Me han comentado que por esta zona hay muchos jóvenes, pero no se incorporan, por eso creo que nosotros tenemos que tratar de sumarlos», comenta Kioban Naranjo Neyra, de 23 años de edad y trabajador de un combinado deportivo en la ciudad de Guantánamo.

Jorge Luis Muñoz Cajigal, joven licenciado en Cultura Física que se desempeña habitualmente como entrenador en el combinado deportivo Norte-Los Cocos, expresa de peculiar manera el valor de esta contribución: “Si la cosa está mala en las placitas, hay que sumarse para que no sea peor cuando pase la pandemia; es el grano de arena que todos debemos aportar ahora para no lamentarnos después».

Gabriel Iríbar Tarruella, estudiante de 4to. año de Medicina, piensa en esa misma cuerda: «Se avecinan momentos difíciles a nivel mundial y nuestro país debe ganar independencia en cuanto a la seguridad alimentaria. Un poquito por aquí, otro por allá, desyerbando áreas para plantar cultivos hoy, sembrando cebolla, boniato, plátano, como hemos hecho ya, así ayudamos».

Elianes Sánchez Morgada, profesora de una secundaria básica, reafirma que estos «son momentos de demostrar nuestro compromiso con la Patria. Hemos trabajado en el naciente polo productivo cercano a la comunidad de Paraguay, y en varias CCS sembrando plátano y yuca. Me siento muy bien cuando termina la jornada».

Raudenis Salas Hartemán, primer secretario de la UJC en la cadecera provincial, donde es más fuerte el movimiento, nos actualiza sobre el alcance de esta iniciativa juvenil: «En el municipio tenemos constituidas 12 brigadas que agrupan a casi 3 000 jóvenes, militantes y no militantes de la UJC, de diferentes sectores. Realizan su aporte todos los fines de semana, vinculados a tareas productivas en cuatro cooperativas agropecuarias y en áreas de polos productivos en desarrollo».

Posturas y gentes buenas 

Los muchachos en acción y la jefa de la finca de un lado a otro: corrigiendo el tiro de los brigadistas y animándolos con un buchito de café o de té de albahaca que una joven trabajadora de la cooperativa prepara bajo un árbol.

Voy tras ella y me explica la importancia de la labor que apoyan estos brigadistas: «Aquí siempre hay mucho trabajo. Esta es una finca de uso colectivo, o sea, que producimos posturas de diferentes cultivos para campesinos de las cuatro CCS más próximas a la ciudad».

Al pie de un improvisado fogón donde arde la leña y se cocina un atol criollo para la merienda, la ingeniera agrónoma aporta otras particularidades de la labor que realizan en esa finca:

«A la técnica que empleamos para la producción de posturas se le llama cepellón o a raíz cubierta, es decir, la tierra se deja adherida a las raíces para trasplantarlas, lo cual es muy ventajoso, entre otras razones, porque evita el estrés del trasplante. Es, además, muy cómodo para el productor. pues traslada sus posturas en una caja y si por determinadas razones no puede sembrarlas ese día, puede esperar 72 horas sin ningún tipo de afectación».

«A veces los campesinos vienen a buscarlas cuando ya tienen entre 40 y 60 días e incluso ya en etapa de floración. Eso es beneficioso para ellos, pues le ahorramos ese periodo que hubiese estado la plantica en el campo, expuesta a situaciones hidrometeorolócas adversas o al ataque de plagas y enfermedades».

Agrega la entusiasta jefa de finca que además de la producción de posturas, la finca cuenta con una casa de cultivo tapado. «Ahora cultivamos una variedad de tomate que es muy buena, se da en racimos grandísimos y los frutos tienen poco líquido y masa muy concentrada. Una parte va para el turismo y otra para la población de las comunidades cercanas», añade.

«Y tenemos perspectivas de hacer más. Ahí donde chapean ahora los muchachos vamos a montar dos casas de cultivo más con el mismo destino. Aquí hay siempre mucho trabajo, por eso cuando vienen las brigadas de la Juventud para mí es estupendo; son alegres, pero organizados y trabajadores, ésa es la gente buena.

Llegó para quedarse

Al opinar respecto al empuje del movimiento, la dirigente juvenil Yannara Concepción Domínguez explica que desde que comenzó el enfrentamiento a la COVID-19 se han distinguido estas brigadas en todo el país por asumir diferentes tareas, como la mensajería, el lavado y llenado de pomos de hipoclorito de sodio, el apoyo al orden interior y a la producción de alimentos, entre otros.

«En Guantánamo, esa iniciativa tiene la particularidad de haber logrado no solo importantes movilizaciones en diferentes frentes, sino de estar presente en todos los municipios de la provincia, respondiendo en cada lugar a las urgencias y necesidades que establecen en los consejos de defensa».

«Es una tarea que llegó para quedarse como línea de trabajo y estrategia de la juventud comunista, para dar un aporte efectivo a la economía del país. Además, porque no hay nada más gratificante que la convicción de estar en el lugar que es necesario en cada momento.

«Hoy tenemos más de 800 brigadas en el país. Creo que para un joven revolucionario debe ser una enorme satisfacción saber que es parte de ese esfuerzo que realiza el país para salir adelante», afirma la dirigente juvenil.